sábado, 27 de diciembre de 2008

El escalafón

Se cierra un ciclo.

Llegué ahí en ruina.
Una ruina que abarcaba todos mis aspectos.
Con mi salud deteriorada, adolorido de los pulmones y del alma.

En los últimos meses antes de llegar ahí había perdido el auto, que para entonces no había terminado de pagar. La ira y la tristeza se entrelazaban como un árbol frondoso que extendía su ponzoñoso ramal en mi vida.

Meses antes también había perdido un trabajo que si no era el mejor, al menos me gustaba y me permitía vivir.

Cansado de perder, se hizo inevitable pedir ayuda.

Comencé a trabajar un programa de desintoxicación. Al principio creí volverme loco, insomnios, ataques de comezón, hipersensibilidad... Empecé a hacer ejercicio, el squash, ese juego que practicaba en la adolescencia con algunos primos, se convirtió de pronto en la actividad mediante la cual eliminaba toxinas, era mi nueva obsesión.
Quería jugar a todas horas. Con quien fuera.
Me sentía un pordiosero del squash.
"Un partidito por el amor de dios..."
Luego entonces, encontré un nuevo trabajo, el escalafón más bajo del periodismo: corrector de estilo.
Con un sueldo magro pero con la intención de aprender a trabajar sobrio, comencé a laborar.
Me rompía las bolas tener que obedecer muchas veces a editores que calificaba muy por debajo de mi nivel.
Mi soberbia y egolatría continuaban a flor de piel.
Ante cualquier objeción me alebrestaba cual gallito.
Me sentía un gladiador al que sólo le faltaba una armadura y una porra para eliminar a sus enemigos los fariseos.
Con el tiempo, logré atemperar mis ímpetus. Traté de ser humilde, pero nunca servil.
Aprendí a callar, y cuando replicaba procuraba no hacerlo de manera grosera.

Conforme los días pasaron mi salud física y mis finanzas mejoraron un pelito.

Y hoy día, me jacto de que cambio de trabajo no porque me corran sino porque así conviene a mis intereses. Me voy a una mejor plaza con un mejor puesto.

No obstante, en ocasiones me sigo sintiendo perdido, como extraviado, sin la fuerza para cambiar pensamientos y actitudes perniciosos.





3 comentarios:

Anónimo dijo...

Bien, mi buen Damaso. Sin duda cada ciclo es de aprendizaje. Lo sigo leyendo. Feliz año. PD. La comida se alargo, y de la mezcalera, ni hablar. Un fuerte abrazo

Anónimo dijo...

¿Y quién dice que el de corrector de estilo es el escalafón más bajo del periodismo? Lamentable que lo hayas visto de ese modo...

Dámaso Pérez dijo...

Me lo dijo Toño Davila cuando entré, yo pienso que es algo digno, pero definitivamente es un oficio muy ninguneado.