miércoles, 24 de febrero de 2016

Plegaria



La noche del 31 de diciembre, bajo la estrellas que titilan sobre las playas de Oaxaca, perdido en una brumosa neblina de mezcal, pedí --sincero y cansado-- un solo deseo:

Librarme de lo superfluo; dejar de arrastrar taras, amistades y relaciones desgastadas.

Que tras la sacudida, las hojas secas caigan dando paso a los retoños.

Se laven rencores y amarguras.

Y en su lugar, el amor por mí florezca en un tornasol de experiencias nuevas y luminosas.

Refuerzo mi plegaria y añado: ni dramas ni aspavientos. Que este año sea el del reencuentro conmigo.

Yo invoco viajes, coincidencias y prosperidad.

Invoco salud, felicidad y conciencia.

Amén

 

jueves, 18 de febrero de 2016

días tristes


Son días tristes

los intentos por encontrarnos no han dado frutos
y aunque el amor sigue intacto

hoy pesan más las diferencias que las coincidencias

en qué momento se movió la balanza?

qué pasa con todo el amor,
qué pasa con todas las vivencias
qué, con todo lo compartido
el tiempo, la intimidad
mi vida toda que eras tú?




martes, 5 de enero de 2016

Sobre mi vida laboral


Tengo 36 años, en marzo cumplo 37. Trabajo desde los 23 que terminé la carrera de literatura en la Universidad de las Américas-Puebla, donde me titulé con una tesis sobre el arte narrativa de Sergio Pitol, enfocándome en los aspectos del "carnaval" a la luz de las teorías bajtinianas.

Al titularme, continué con mis investigaciones sobre Pitol, y entrevisté a muchos escritores sobre su obra, a la par de que me di un clavado por la literatura rusa, especialmente por la obra de Tolstoi, Chéjov, Pushkin, Gogol, algunas novelas y relatos de de Dostoievski, Lermontov, Bulgakov, entre otros escritores que fueron mi deleite en los meses que estuve desempleado al salir de la universidad. En ese lapso, colaboré en la corrección de estilo y ortotipográfica de varias tesis de antropología, psicología y comunicación.

Posteriormente entré a laborar a la editorial RED, que publica revistas enfocadas al sector de los gasolineros, los ejecutivos y las tiendas minoristas, fue ahí donde me di cuenta que el trabajo de reportero no me gustaba en lo más mínimo, y que me sentía más cómodo como editor, corrigiendo textos, cabeceando y haciendo balazos y sumarios.

Tras trabajar ahí cerca de un año me fui a colaborar con una editorial familiar llamada SM (que no es la editorial española grande, esta se llama así porque sus dueños se apellidan Sanchez Méjía jaja), ahí estuve como corrector de estilo y asistente editorial colaborando en la publicación de libros para la UAM. Ese trabajo me gustó mucho porque me dio la oportunidad de participar en la corrección, edición y cuidado editorial de libros académicos enfocados a la sociología y la antropología, y me sirvió para conocer más sobre los distintos aspectos del trabajo editorial, que desde antes no me eran ajenas, ya que mi padre tuvo una imprenta en la que trabajé de adolescente.

Me salí de SM para comenzar a freelancear haciendo cuartas de forro, dictámenes editoriales y fotografías de autor para Random House Mondadori, en los tiempos en que estaban de encargados de esa editorial Braulio Peralta y Luis Guillermo Robles. A la par de que colaboraba ahí, comencé a hacer bomberazos para el suplemento cultural de Milenio diario, llamado Laberinto. Ahí hice algunas reseñas de libros infantiles y ya después, José Luis Martínez me dio la oportunidad de publicar reseñas de otro tipo de textos, sobre todo de novedades editoriales que eran de mi interés.

Gracias a Carlos Ferreyra también participé en un par de ocasiones en la extinta revista Milenio Semanal, donde dicho sea de paso, en ese entonces me parecía que pagaban bien.

Después, y dado que desde niño, gracias a una cámara Nikon que me regaló mi padre, he sido aficionado a la fotografía, emprendí una empresa con 2 primos fundando una productora fotográfica llamada M225, la cual nunca fue negocio, pero que me dio experiencia en cuestiones de producción fotográfica publicitaria, además de que ahí hice mis primeros trabajos de diseño y programación web.

Después conocí a un argentino llamado Cristian Natalichio y su próspero negocio llamado NT Producciones,  que maneja a varios fotógrafos internacionales como Oleg Covian y Jacob Sadrak, entre otros, con los que trabajé mucho y de los que aprendí demasiado. Ahí, me desempeñé como productor ejecutivo y estuve encargado de hacer castings, contratar catering, hacer scouting, contratar a vestuaristas, accesoristas, peinador y demás profesionales que intervienen en la producción fotográfica publicitaria.

Para NT coordiné la preproducción, producción, y postproducción de campañas para Macdonals, Telmex, Prodigy, Comex, Marel, los 50 años de Gansito, entre otras. Ese trabajo me encantó, fue como descubrir un nuevo mundo, sin embargo el tema del periodismo nunca lo dejé, y seguí colaborando en Milenio, editoriales y demás medios hasta que me fui a trabajar con Toño Dávila al periódico La Crónica de Hoy, donde estuve colaborando como asistente editorial y corrector, labor que desempeñé durante 3 años hasta que Benigno Cerdeira me invitó a trabajar como director de la página web de un diario regional llamado El Visto Bueno.

Este diario tenía una versión impresa y la online, de la cual yo era el director y llegué a coordinar equipos de reporteros, fotógrafos, webmaster con los que cubríamos información de Hidalgo, Puebla y Tlaxcala.

En ese entonces por mi iniciativa fuimos el primer diario en Hidalgo en tener cuenta de Twitter en 2009. En ese entonces fue cuando las redes sociales empresariales, particularmente de los medios de comunicación, comenzaron a jugar un papel protagónico para la difusión de la información, por lo que cree las cuentas de redes sociales del medio, y las comencé a manejar, cumpliendo así funciones del community y content manager, que fui aprendiendo de forma intuitiva, a la par que combinaba estas acciones con mi labor de director y editor del portal.

Si bien este diario es de corte oficialista y boletinero (el dueño, Luis Kaim, se encargaba de recordarme de vez en vez que a él no le interesaba ganar el Pullitzer, sino hacer convenios) fue mi oportunidad para dar el salto a un puesto directivo, el cual conservé durante 5 años, cada uno de los cuales organicé el rediseño del portal de la página, hecho que me brindó experiencia en una especialidad que después descubriría que se llama Arquitectura de la Información, enfocada a medios.

Después de ese trabajo me invitaron a colaborar como director editorial de la agencia de noticias Al Momento, donde emprendí muchos proyectos multimedia, me encargué del rediseño del portal, del rediseño de marca (branding), de hacer la nueva papelería, y de armar un equipo de reporteros, editores y camarógrafos que compartieran un interés por la calidad de los contenidos, ahí laboré de forma intensísima por un año hasta que las diferencias con los dueños, acostumbrados a abusar de los empleados, hicieron insostenible mi presencia y la de mi equipo ahí.

Esta experiencia fue una de las más amargas en mi vida profesional y me brindó grandes lecciones de vida, una de ella fue que después de una mala experiencia pueden llegar cosas mejores, lo que me sucedió entrando al entrar a trabajar como coordinador de estrategia digital de la principal agencia de noticias de México y Latinoamérica. En Notimex soy el responsable del rediseño de todo el portal, para lo cual hice arquitectura de la información que tomó en cuenta el número y el tipo de contenidos informativos que se publican por día, las necesidades de los editores de cada sección, y las de los usuarios o visitantes que navegan la página de la agencia. Por ello he puesto mucho énfasis en hacer diseños responsivos que se adapten a cualquier dispositivo móvil (tablet o celular) sin que el lector tenga que hacer zoom con los dedos.

En este rubro de la arquitectura de la información me considero uno de los profesionistas con más experiencia y portafolio debido a que es una actividad en la que llevo más de 10 años realizando. Tan sólo en 2015 realicé para Notimex más de 40 maquetas para cada unos de sus diferentes secciones, la página principal, sus micrositios, etc, las cuales están a punto de estrenarse. 

Si bien esta especialidad suele ser bien pagada, yo aún no pruebo esas mieles, no obstante nunca me han faltado los recursos para hacer lo que he decidido emprender.  Tal es el caso de un proyecto editorial multimedia que ahora justo desarrollo junto con mi chica, Julia Castillo, y un amigo periodista llamado Juan Carlos Aguilar.

Esa es, en resumidas cuentas, mi trayectoria laboral, en donde no incluyo mi experiencia en el área de la construcción por ser ajena al perfil editorial que describo aquí, sólo diré que a la par de mis empleos como editor he desarrollado y participado en diversos proyectos de arquitectura y construcción.
Cómo ves?

lunes, 21 de septiembre de 2015

Piedra Angular



La presencia de los ausentes es el tópico desgastado para referir a quienes no vemos pero sentimos. Como algo que recorre la piel, que la eriza. Un recuerdo mezclado con una sensación; en tu caso, abuelita, esa sensación que sentí toda mi vida, de que estarías siempre ahí, conmigo y junto a mí.

En tu funeral me sentí ajeno, quizá porque para entonces aún no había asimilado tu partida. Fue semanas después que llegué a esa casa, que había sido tu casa, nuestra casa, donde por fin sentí tu presencia en forma de una cálida ausencia.

Al entrar, por un momento sentí que ahí estarías, sentada en el sillón, tomando el sol y leyendo los diarios, como todas las tardes, con tus anteojos puestos, quizá algo sucios --pero tú de ello no te percatarías-- con el cabello blanco, algo revuelto y tu mirada franca que traslucía tu verdadero estado de ánimo, ese que eras incapaz de expresar de forma verbal, pues tú siempre estuviste "buenonsita", aunque tus ojos me hablaran de una tristeza y una melancolía que nunca supiste --o quisiste-- verbalizar...

Quizá porque nunca tuviste tiempo para la debilidad a la que dejan a merced los sentimientos, tú debías ser la mujer fuerte para sacar adelante a tus hijos; la mujer que no tuvo tiempo de llorar a su marido: mi abuelito que murió aún antes de yo nacer, pero al que conocí por repetitivas anécdotas asociadas a lo buen médico que fue, al gran amigo, al hijo cumplido y estudioso, al radiólogo confiado que se descuidó, al doctor al que se le murió una hija (Carolina, esa cría que pasó poco más de un mes en la Tierra, suficiente para ser recordada) de frío.

Aún recuerdo bien la determinación que tuviste para poner en regla los asuntos legales del abuelo Rufino, esos que él no arregló por desidia, falta de previsión, o porque sabía que había elegido a la correcta; la mujer encargada de extender y preservar su legado basado en la tenencia de la tierra, el amor y la educación. 

Aunque tú, conociste otros sentimientos, quizá menos nobles, como la vergüenza y la humillación que sentiste y pasaste en algunos episodios de tu vida -- nunca los olvidarías-- y que afrontaste con un coraje y decisión, que aún a ti, años después, te asombraría.

Como cuando abusivos inquilinos quisieron desconocerte como propietaria a escasas horas de fallecido Rufino, y tal como lo decretaste, ante ti, no les alcanzaron las rodillas para suplicar que tuvieras compasión a la hora de lanzarlos de los predios invadidos a la mala, pero que tú, paciente, supiste recuperar, resguardar y edificar. 

Por eso ahora, abuela, lo veo con claridad, fuiste la piedra angular bajo la que comenzó a cimentarse la historia tu familia, que hoy son muchas familias.

Te extraño mucho... extraño tu energía, tu dinamismo, tu conversación. Extraño acompañarte al mercado, comerme un taco con papitas contigo mientras regresamos del mandado con bolsas abundantes de comida, ropa y plantas para tus niños, esos entre los que me cuento, aún sin ser tu hijo, porque para mí fuiste una madre, que junto con Guadalupe --Lupita, como la Virgen Morena, decidieron tú y el abuelo a la hora de nombrarla-- me crió entre sus amorosos brazos, y por ello, siempre les estaré infinitamente agradecido.

Lucía, leyendo, ajena al paso del tiempo.
Foto: Alonso Martín

jueves, 13 de agosto de 2015

Anti-poemínimos

By , 

tumblr_n03z58qWCe1rkh6xoo1_1280
Saudade
Instantánea e imprevista
la flor madura
-en – la – tierra – fértil – de – tus – labios-
El invierno es primavera en verano y en otoño
*
El paréntesis
 que se abre y no se cierra
evoca lo inconcluso
que se dice sin decirse
la palabra perdida
que no, la pérdida de la palabra
*
Antipoema interactivo                                                                                            
El pensamiento es:
a) Un acto lingüístico
b) Una sujeción a las palabras (ante la inminencia de sucumbir en un naufragio)
c) El traslado de lo abstracto a lo concreto
d) Una idea, luego,
kilóoometros discursivos
e) El recuerdo de no sé qué cosa
inexpresable en su cabalidad
f) Otras (especifique):________________
*
Con la prisa de la vida que se acaba
el vórtice de la muerte
ejerce el polo de su atracción.
Mientras
un ave vuela
ajena
a mis anhelos
*
El éxtasis se convirtió en resaca
la tarde se detuvo
y yo también
*
En la búsqueda ansiosa del quien me quiera
me topé con el terrible desengaño
ya no quiero perder el tiempo
en la estéril marcha hacia el desamor
ya he probado la miel de algunas flores
y ninguna es para mí
por eso
mejor renuncio
a mis melosas intensiones
de bajarte los calzones
y chuparte los melones
*
y cuando mi cuerpo muera
y cada célula y cada poro entre en descomposición
cuando los gusanos lo hayan devorado todo
y los huesos, hechos polvo.
Cuando de mí no quede ni el olvido
y la sangre, seca, deje de fluir
las sirenas seguirán cantando,
propiciando el abismo de los hombres
*
Grafo insomne
Se equivocan
quienes ven en la cruz
el estigma de un martirio.
Yo
prefiero ver
el accidente de dos puntos
que convergen en un camino.
Una ecuación geométrica
resuelta
tras la coyuntura del azar.
Imagen tomada de esta fuente: http://www.matteobosi.it

La danza del pelícano azul (y sus pequeños poemas en Prozac)

By 

“Los alucinados serán los capitanes de las naves del futuro”
Augurio de un indigente poblano

Todo comenzó hace unos diez años cuando se tragó un grillo. “Crí-Crí-Crí, el grillo no dejaba de incordiar”. Al día siguiente, en un acceso de “furia gigantesca”, el protagonista de la novela destruye la casa de sus padres. El ataque fue tan violento y sorpresivo que es internado en una institución psiquiátrica. De este espacio, un aparente encierro, entra y sale de su mente dando paso a personajes imaginarios como Rimbaud y Baudelaire, con los que mantiene inquietantes conversaciones entre dosis de Litrisan, Benzetazil, cocaína y mariguana.
Mientras escribo esto me doy cuenta que el sonido que emiten los grillos se parece a un coro bien entrenado. Aunque parece una locura, eso fue lo que descubrió el compositor Jim Wilson cuando grabó por más de una hora en el patio trasero de su casa el grillar emitido por los insectos.
Al llevar la grabación a su estudio, Jim comenzó a jugar con ella, bajando la velocidad con que se reproduce el sonido; así, hasta que de pronto se empezó a escuchar algo parecido a un coro lejano y armonioso, ininteligible pero que apela de algún modo a una mística musical. Tal como el ritmo de la escritura de Rodrigo de Souza Leão (1965) en Todos los perros son azules (pueden leer un adelanto del libro aquí), magníficamente traducida por Juan Pablo Villalobos.

Sexto Piso, 2013.
De Souza Leão relentiza la voz del grillo que funge como la conciencia, esa que no deja de incordiar, como un tinitus maldito que viene y va, como las olas “siempre batiendo en las piedras de la enfermedad. El mar verde Lexotan 6. El cielo azul Haldol 5. El Rivotril blanco de las nubes”.
Y así, como un anticipo del infierno, pasan los días de encierro en el manicomio, entre fármacos y pacientes mentales de índole diversa; doctoras de amplias caderas, enfermeros, amigos y enemigos imaginarios con quienes confabula el protagonista tratando de sortear la culpa por la muerte misteriosa de “Terrible Loco”, el enfermo más temible del pabellón.
Y es que, desde que se tragó un grillo, el personaje vive inquieto —por decir lo menos—, seguro de que la CIA y la DEA le implantaron un chip para seguirlo y saber lo que piensa y así atormentarlo. No quieren que escriba sobre el manicomio, porque “todo mundo tiene un manicomio cerca. O su bolsa es un manicomio. O su casa. O incluso la cartera de dinero. No hablo de desorganización, hablo de manicomios de veras”.
Así, entre estados de alucinación y saudade se intercalan —sin previo aviso— las voces narrativas, que no los personajes. Quizá por ello el nombre del protagonista no es revelado, porque es Legión; en él habitan el padre frustrado, el amigo Baudelaire, el insidioso Rimbaud, la madre atenta a las necesidades del loco lúcido, aquel enclavado en la mejor tradición del elogio a la estulticia, a través del cual se enumeran verdades puntillosas, llenas de ironía que recrean, con ternura, el concierto de los insectos.

viernes, 7 de agosto de 2015

Tu sangre ahora recorre nuestras venas...




Dicen que el recuerdo es una forma de olvido, pues en el recordar se dejan de lado muchos aspectos); pero también el olvido es una forma de advertir aquello que sabemos pasa desapercibido.


En mi caso, de mi abuelo Abelardo Martín tengo la fortuna de tener presentes impresiones buenas; quizá las primeras memorias sean en su casa de Cuernavaca, ese rinconcito dispuesto para el disfrute de comidas en el jardín, coronitas y dominó montados en grandes bancos de madera...


Cuando el calor arreciaba todo se solucionaba a la sombra de un gran árbol, junto al asador, o con un chapuzón en esa alberca a la que llegaba siempre Dogo, el perro gigante que tras beber agua clorada se echaba a un costado de la terraza.


En el mundo de mi abuelo, al que llegaba como visitante de ocasión, recuerdo también al querido tío Toño comiendo rebanadas de jamón, platicando y jugando ajedrez con los niños. Al tío Cala y su fascinación por Dostoievski.


Al recordar a mi abuelo reconozco a mi padre, pues identifico en él todos sus rasgos fisonómicos, exceptuando los del carácter, pues contrario a él, mi abuelo siempre me pareció extrovertido; no tenía reparo en decir lo que pensaba, así fueran en ocasiones curiosos sus dichos.


No lo olvido en el velorio de mi abuela, invitándome a salir a desayunar una torta mientras decía: el muerto al hoyo y el vivo al bollo. Un pragmático consumado, así fue en su vida, quizá por ello disfrutó tanto de sus días en la Tierra.


Cuando salí de la universidad en Puebla y me instalé en el DF, nos dio por irlo a visitar, me parece que los jueves, a su departamento en la Roma. Ahí llegábamos Alonso, mi primo, y yo, a ese espacio amplio lleno de figurillas pálidas de porcelana, como un gordo pescador oriental o una bailarina de ballet. Y frente a un cuadro que lo inmortalizó joven y apuesto --como galán del cine de oro-- platicábamos los 3 de cómo era el negocio de prestamista, de mujeres, literatura y filosofía.

Me gustaba mucho oírlo hablar del Paraíso Perdido, de Jhon Milton; y de esa teoría que tanto me impactó sobre el “parto del alma”, que sólo ocurriría tras un cataclismo que rectificaría, mediante dolor y sufrimiento, la evolución moral del Hombre.

También escuchábamos atentos sus convicciones raciales, nos prestaba libros --que si acaso hojee-- de Salvador Borrego, ese ideólogo de la ultraderecha. Pero gracias a estos diálogos pude comprender parte de la mentalidad de otra época.


A esas conversaciones acudía yo –estoy seguro que Alonso también-- con la intención de entenderlo y descifrar su personalidad; la del padre ausente que dejó a una familia para formar otra; y de eso, sin reparo, le pregunté.


No recuerdo su respuesta exacta, si acaso una evasiva, una excusa y el cambio de conversación. Así era el abuelo, así lo recuerdo: humano, con sus hierros y decisiones; divertido, práctico, hedonista, un enamorado perfumado y elegante; bohemio distinguido que sabía del poder de las palabras, por eso, yo con estas, le rindo un honesto homenaje a su recuerdo:


Abuelito, donde quiera que estés vagando por el Universo, te mando un beso. Tu sangre ahora recorre nuestras venas...





lunes, 24 de noviembre de 2014

Movimiento perpetuo




Los últimos días, o quizá años... un pensamiento recurre a mi mente una y otra vez. Intermitente, la idea de que en el fondo a todos, o casi todos, nos mueve el deseo de amar y ser amados.

De ese punto se desprende un sentimiento, como el vértigo ante gran abismo, al que inseguro me asomo cada vez que el deseo me asalta.

Esa sensación se traduce en mí en una nostalgia del futuro; un punto en el que mis deseos y mis carencias convergen y se materializan en un anhelo.

A contralínea de Manrique, quien decía que todo tiempo pasado siempre fue mejor, me instalo en el futurismo, una añoranza de lo porvenir, no sé cuándo no sé cómo ni por qué...

Por eso, pienso, buena parte de la producción cultural de la humanidad, habla o describe cada una de las expresiones de ese desamor y soledad que nos agobia --a veces sutil, a veces brutal-- y nos hace añorar la utopía del amor. Y es eso, justo, lo que hermana a los infieles, los sátiros, los necesitados y los promiscuos, con los solitarios, que han encontrado el gusto por la agonía de lo posible -o lo imposible.


Quisiera tener alguien a quien amar,
quisiera andar con alguien por la ciudad,
se vuelve un infierno sin amor


El Monstruo el viento del Alba 
Prietto viaja al Cosmos 





viernes, 26 de julio de 2013

Un género híbrido: el ensayo ficción de JP Anaya





Comentarios en torno al libro 
Kant y los Extraterrestres” (2012)


“Los alucinados serán los capitanes de las naves del futuro”

Indigente, en Cholula
 

Por Javier A. Martín



En un país al borde del colapso, como lo es México, viene muy a cuento --o ensayo-- hablar de distopías y corrientes apocalípticas, así sea de manera irónica, como lo hace el autor Juan Pablo Anaya, quien con su libro de ensayos “Kant y los extraterrestres” sitúa al lector frente a un juego borgiano no exento de referencias multiculturales: de Kant a Maussán; Ridley Scott, Herman Melville, autores ficticios, coloquios literarios improbables y teorías desorbitadas pueblan esta narración que sirve, como el propio autor lo afirma, para despojar de ese halo doctoral que suelen acompañar fastidiosamente las discusiones filosóficas de la academia.

Por ejemplo, en “Canción de amor para un androide”, Juan Pablo Anaya divaga acerca “del sueño del maquinismo”, la biomecánica, y los recuerdos implantados a partir de la cinta “Blade Runner” (1982).


Estos postulados, que en apariencia son formales, le sirve para introducir un personaje ficcionado que sería una especie de alter ego del ensayista, un joven investigador que desarrolla ensayos a partir de una investigación exhaustiva. 
Hasta aquí todo sería cierto si no es porque gran parte de los autores y estudios que cita –hay que decir que no todos— son falsos. Y es esto mismo lo que le da una dimensión literaria profunda a este texto, que recuerda a Borges y su literatura fantástica.


Así, en el primer capítulo asistimos a las reflexiones que suscita el amor  del investigador por otro personaje, esta vez de una película, lo que le sirve para descubrir que “la identidad se funda en una facultad bastante frágil”: la memoria (p.19)

La idea se confirma cuando los labios carmín de la bella androide Rachel sugieren:

I can´t rely on my memories (no puedo confiar en mis recuerdos).

Este que es un tema que ya ha hecho correr mucha tinta, no se queda en la sobada crítica al “carácter falso de la memoria” o a la distorsión de la identidad a partir de las emociones espurias.

El tópico de la película es el pretexto para ahondar en lo que llama un “gesto post-replicante”, a saber, la estrategia para volver a experimentar y repensar los recuerdos que conforman la identidad.

Más adelante, en el capítulo “Ahab en el diván”, el narrador, que es el mismo personaje del primer ensayo, nos habla del profesor Acha-Benavides, quien le habría dado clases de literatura norteamericana, y al cual, el narrador principal dedica este capítulo en un supuesto homenaje póstumo.

El homenaje a Aníbal Acha se basa en su dramática existencia al perder un hijo, y su obsesión con la novela Moby Dick, a partir de la cual elabora una desquiciada teoría que busca identificar  posibles relaciones entre objetos culturales.

Es gracias a sus afiebradas hipótesis que el lector vislumbra que de la novela Moby Dick a las películas Tiburón y Orca: La ballena asesina hay sólo un paso, es así como Acha-Benavides se da a la tarea, como el furioso capitán Ahab, de identificar cómo la cultura de masas puede tornarse un pastiche que echa mano de la historia del arte para convertirla en una reserva de retazos con potencial significado emotivo.

Pablo Anaya realiza un giño a La Raza Cósmica de José Vasconcelos cuando postula un sistema de reencarnaciones culturales que tiende a volverse cada vez más decadente. Este capítulo es particularmente interesante porque se desarrolla a partir de un juego de espejos, historias similares pero “invertidas”, que evocan el esperpento de Valle Inclán[1].

El tercer capítulo lleva al lector a una dimensión literalmente fuera de este mundo, al aludir a la obra de Kant Historia general de la naturaleza y teoría del cielo (1755), en la que el entonces incipiente filósofo alemán no duda en imaginar escenarios hipotéticos sobre “las características físicas y morales de los extraterrestres”, basado en el lugar de sus planetas con relación al sol.

A partir de esta obra, y un supuesto hallazgo en una biblioteca del IPN, el personaje del joven investigador introduce a un desquiciado debate en torno al papel del Hombre en el Universo, la postura que deberá tomar cuando se encuentre frente a esa alteridad límite que representan los alienígenas.

Si bien para Kant el negro cósmico del universo se abre de forma inconmensurable gracias a la demostración que hiciera Isaac Newton de las teorías de Copérnico, para Chinchilla y Badoglio, los personajes de este nuevo ensayo, el encuentro con una nueva especie “fomentará la hermandad de la raza”, pues este hecho produciría un asombro generalizado que uniría a las naciones.

Ambos autores parafrasean a Heidegger al destacar la postura del “ser-en-el-mundo-ante-extraterrestres”, que hará, según afirman, que “el sustantivo humanidad” vuelva a ser el fundamento de la moral a través de un gran ejército que enfrentará a los extraterrestres.  

Sin embargo, el avistamiento de ovnis no será posible sin ese grupo autodenominado “Los Vigilantes”, que en la figura del alucinado mayor, Jaime Maussán, encuentra a su capitán.

El ejercicio de observar el cielo en busca de objetos no identificados se vuelve la metáfora del carácter contingente e ínfimodel ser humano en el Universo y un pretexto para la melancolía.

La pintura El caminante sobre el mar de nubes (1815), del alemán Caspar David Friedrich, sirve a Anaya para hablar sobre el carácter profundamente melancólico que encierra el acto de contemplar un paisaje (el vigilante), donde la naturaleza alude al "enigma de lo divino".

Este marco tan poético y socarrón no está exento del anhelo (deseo) y la amenaza que conlleva la otredad, encarnada en la figura-enigma de los ovnis y la hermandad que podrían provocar entre la raza humana al hacer su sorpresiva aparición trastocando definitivamente el paisaje terrestres.

Así el autor traza una ruta crítica en clave de ironía sobre la idiosincrasia del ser-en-el-mundo-mediático a partir de la relación con sus objetos culturales y sus anhelos-expectativas con respecto a la otredad.


Imagen tomada del muro en Facebook del autor, Juan Pablo Anaya.




[1] Luces de Bohemia, Ramón de Valle Inclán